Martes, 18 de marzo de 2008
Publicado por Caridea @ 18:20  | ¿Fantasia o Realidad?
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Aquí cito un texto de Laura Gallego en el que se explica la leyenda de los unicornios:

«Dicen los sabios, que en el comienzo de los tiempos, los dioses crearon el mundo y después lo abandonaron a su suerte, pues, concluida ya la tarea de la creación, no consideraban que tuviesen ninguna otra responsabilidad con Idhún y sus criaturas. Pero pronto el mundo empezó a secarse. Las plantas crecían menos vigorosas, las corrientes de los mares se volvieron perezosas, el aire se tornó seco y estático, la luz de los soles y las estrellas se debilitó, las montañas envejecieron y se desgastaron y hasta el fuego crepitaba con desgana, pálido y frío. Parecía como si todo estuviese perdiendo fuerza, y por esta razón, los mortales rezaron a los dioses en sus templos y suplicaron que regresasen para renovar la energía del mundo.

Pero los dioses no regresaron, e Idhún siguió agonizando poco a poco.

Mucho tiempo después, los Oráculos hablaron y dijeron que los dioses no volverían, sino que enviarían a un mensajero para que curase los males del mundo en su lugar. Los sacerdotes transmitieron las nuevas al resto de los mortales, y todos aguardaron con impaciencia la llegada del emisario de los dioses. Se imaginaban a un poderoso héroe, fuerte y valiente, y cada raza imaginaba que tendría sus mismos rasgos. Lo esperaron en los templos y en los palacios, y prepararon grandes eventos para agasajarlo. Sin embargo, el mensajero no llegó.

Un día apareció en los bosques del oeste una extraña criatura. Las hadas repararon en su presencia y la comentaron ampliamente, pues nunca habían visto nada semejante. La criatura poseía una belleza delicada y salvaje y parecía haber sido creada con la luz de la luna mayor. Lucía sobre su frente un largo cuerno en espiral. Por esta razón lo llamaron «unicornio».

La criatura prosiguió su largo viaje hacia el norte. Las hadas la acompañaron hasta la linde del bosque, pero cuando el unicornio dejó atrás la espesura, ellas lo abandonaron porque ya se habían cansado de él. De modo que el unicornio continuó su marcha en solitario.

Así, llegó al monte Lunn, que entonces se llamaba de otra manera, y con muchas dificultades trepó hasta su cima. Y, una vez allí, levantó la cabeza y alzó hacia el cielo su largo cuerno. Y esperó.

Cuando los soles llegaron a su cenit, las lunas acudieron a su encuentro desde el horizonte. Y los seis astros se entrelazaron en una conjunción que dibujó un hexágono en los cielos de Idhún.

Y entonces, desde las alturas descendió un rayo que cayó directamente sobre el cuerno de la criatura, que plantó las patas y lo soportó con valentía. Mucho tiempo estuvieron los dioses entregando su poder al unicornio, pero nadie lo vio, porque todos estaban en los templos y en los palacios, aguardando al mensajero que no llegaba.

Cuando todo terminó, el unicornio bajó de la montaña y se puso en marcha de nuevo, hacia el norte: pero en esta ocasión nadie logró verlo. Así, siguió viajando, errante; cruzó las llanuras y llegó hasta el mar. Allí, en un poblado en lo alto de los acantilados, vivía un anciano llamado Pildar: él fue el primero en recibir el don del unicornio, el don de la magia. Y desde entonces aquel lugar se llamó Kazlunn, la Cuna de la Magia, y fue allí donde, tiempo después, se erigió la primera torre de la Orden Mágica.

Pronto hubo más personas agraciadas con el don. Pronto hubo también más unicornios y, poco a poco, la energía del mundo se puso en marcha de nuevo, e Idhún se fortaleció. Los unicornios poblaron el mundo y otorgaron a algunos escogidos poder para renovarlo, cambiarlo y perfeccionarlo, el mismo poder de los dioses, pero en mucha menor medida. Sin embargo, los sacerdotes nunca perdonaron al unicornio que no se hubiese mostrado ante uno de su clase y, por esta razón, los magos y los sacerdotes han estado siempre enfrentados, y las Iglesias desconfían del poder entregado por los unicornios.»

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